Aerolitos

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La poesía es un vómito de piedras preciosas.

El mobiliario del poeta es el mundo.

Los pájaros son pensamientos perfectos.

Sé un poeta un instante y un hombre todos los días.

La fonética no se aprende en los libros, sino en el ruido del

mundo sobre tu corazón.

METAFÍSICA: anatomía de lo invisible.

El hombre, ese animal que mira las estrellas.

La ciencia no es científica, es fantástica.

El oro es la basura del sol.

Hay gentes que no lloran nunca. Tales son los grandes santos

y los grandes idiotas.

Un beso no se describe.

PLATÓN come plátanos.

Os ordeno no ser esclavos de órdenes.

Un pavo color rosa es cosa pavorosa.

Somos recuerdos: dos veces cuerdos.

Las sábanas de un libro. Las páginas de una cama.

JURÓ morir y no juró en vano.

¿Qué es la poesía en este mudo? Es como oír llover.

-CAÍN te llama por teléfono, ¿le digo que no estás?

Un león en una cama es un camaleón.

La monotonía fantástica de los bosques.

SIGUE llegando al mundo más gente todavía.

Lo contrario de un ángel es una sirena.

MUERTES profesionales: «Voy a morir, o voy a morirme, que de ambos

modos puede decirse» (frase postrimera del jesuita Bouhours, gramático francés).

SOY todo labios cuando me callo.

MALVADO color malva.

FÓRMULAS binarias: algas/nalgas–musgo/muslo.

¡QUÉ horror el honor!

LOS vicios con ser vicios no son servicios.

TODO es huevo bajo el sol.

CARLOS EDMUNDO DE ORY-AEROLITOS (Agosto, 1985)

Poeta y cuentista español, nacido en Cádiz y trasladado después de numerosos viajes al corazón de París, Carlos Ed­mundo de Ory pudiera haber nacido muy bien en Praga, como Kafka y Rilke, o en la isla Mauricio, como Malcom de Cha­zal (a quien estos Aerolitos no dejan de evocar a veces). Per­tenece a esa familia de espíritus universales, para quienes no cuentan ni el lugar ni la fórmula, quiero decir, ni el vínculo ni la hora. Estamos seguros de que aquí o en otra parte, un día u otro, tendrá la suya. No tememos hacer nuestro lo que escribió de él, en 1954, un gran crítico español en el momen­to de la publicación de su primer libro de cuentos, «Kikiriquí­Mangó»: «Es un escritor con mensaje, un mensaje que no viene de fuera, sino de dentro, de esa extraña configuración mental que es necesaria para buscarle nuevos ángulos de vi­sión al vulgar y siempre repetido espectáculo de la vida hu­mana…»

Marcel Béalu. Prefacio a la edición francesa

(Aérolithes, Rougerie, París, avril, 1962.)

Carlos Edmundo de Ory murió el 11 de noviembre de 2010 en su casa de Thezy-Glimont, cerca de Amiens.

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