Bloomsday

Streets of Dublin in the Late 19th and Early 20th Century (4)

Assí bien jueves dieciséis de junio Patk. Dignam yace bajo tierra por una apoplejía y después de tenaz sequía, a Dios gracias, llovió, un barquero que entra por el agua desde cincuenta millas más o menos con turba dice que la semilla no brotará, campos sedientos, de color muy amustiado y hedor fuerte, marjales y tremedales también. Dificil respirar y los plantones jóvenes consumidos por completo sin riego todo este tiempo atrás como nadie recuerda haber estado. Los capullos rosáceos todos parduzcos y manchones desparramados y las colinas peladas con sólo yerbajos secos y leños que podían prenderse con la primera chispa. Todo el mundo diciendo, por lo que entendían, que el gran vendaval de febrero del año anterior que causó estragos en la tierra tan lamentables era cosa pequeña al lado de esta aridez. Pero luego, como queda dicho, esta tarde después de la puesta del sol, levantándose el viento del oeste, grandes nubes cargadas que podían verse según avanzaba la noche y los entendidos del tiempo especulando sobre ellas y algunos fucilazos al principio y después, pasadas las diez, un gran fogonazo con un prolongado trueno y en un dos por tres todo son carreras atropelladas buscando refugio a causa del chaparrón vaporoso, los hombres protegiendo sus canotiés con un trapo o pañuelo, el mujerío corriendo dando saltitos con las faldas arremangadas así como llegó el aguacero. En Ely Place, Baggot Street, Duke’s Lawn, de allí por Memon Green hasta Holles Street un aluvión de agua corriendo por donde antes estaba seco como un palo y ni una sola tartana o carruaje o coche de alquiler se veía por ningún sitio pero no más truenos después de ese primero. Enfrente de la puerta del Muy Honorable juez Mr. Fitzgibbon (que ha de deliberar con Mr. Healy el abogado sobre las tierras del colegio) Mal. Mulligan un caballero entre caballeros que no había sino llegado de casa de Mr. Moore el escritor (que era papista pero que ahora, según cuentan, es un buen orangista) se tropezó con Alec. Bannon con el pelo corto (que ahora se lleva igual que las capas de baile de verde Kendal) que acababa de llegar a la ciudad desde Mullingar con la diligencia donde su primo y el hermano de Mal. M. pasarán aún un mes hasta San Swithin y pregunta qué diablos hacía allí, él en dirección a casa y él a casa de Andrew Home quedándose para apurar una copa de vino, según él dijo, pero quería hablarle de una vaquilla respingona, grande para su edad y elegante patigorda y a todo esto diluviaba por lo que los dos se encaminaron hacia Home. Allí Leop. Bloom del periódico de Crawford sentado muellemente con una cuadrilla de zumbones, de jóvenes penden cieros, Dixon junior estudiante en Nuestra Señora de la Misericordia, Vin. Lynch, un joven escocés, Will. Madden, T. Lenehan, muy entristecido a causa de un caballo de carreras en el que puso sus ilusiones y Stephen D. Leop. Bloom también allí por causa de un abatimiento que había tenido pero ahora se encontraba mejor, habiendo él soñado anoche un raro ensueño sobre su señora Mrs. Moll en pantuflas rojas y unas botargas lo que se interpreta por los que saben que denota cambio y la Mastresa Purefoy también allí, que entró acogiéndose a su vientre, y ahora con las piernas en alto, pobre mujer, dos días cumplida, las comadronas de lleno en ello y no consigue dar a luz, ella angustiada por un cuenco de agua de arroz que es un atinado desecador de los intestinos y su respiración muy pesada más de lo que es bueno y sería un rapacejo por los coletazos, dicen, pero Dios le dé pronto su descendencia. Es su noveno arrapiezo que le vive, según tengo oído, y el día de Nuestra Señora le cortó las uñas a su última arrapieza que entenía para entonces sus doce meses y con otros tres todos criados a pecho que murieron inscritos con hermosa letra en la Biblia del rey James. Su dueño y señor de algo más de cincuenta años y metodista pero recibe el sacramento y puede ser visto los domingos de sol con un par de sus mocitos por el puerto de Bullock pescando de anzuelo en la dársena con una caña de carrete o en una batea que tiene rastreando en busca de acedías y romeros y pesca una buena cesta, tengo oído. En resumen un inmenso y grande aguacero y todo refrescado y mucho incrementará la cosecha aunque los que entienden dicen que después de viento y agua llegará el fuego por una pronosticación del amanaque de Malaquías (y tengo oído que Mr. Russell ha hecho un ensalmo profético de la misma enjundia tomado del hindi para su gaceta del labrador) por aquello de que haya tres cosas en total pero esto es pura invención sin fundamento de razón para carcamales y críos aunque a veces uno haya que acierte con sus onginalidades y no hay manera de decir cómo.

Bloomsday, 2016

 

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