La biblioteca de la abadía

Biblioteca-El-nombre-de-la-rosa

“Recorrimos otras salas, siempre registrando en mi mapa lo que íbamos descubriendo. Encontramos habitaciones dedicadas sólo a obras de matemáticas y astronomía, otras con obras en caracteres arameos, que ninguno de los dos conocíamos, otras en caracteres aún más desconocidos, quizá fuesen textos de la India. Nos desplazábamos siguiendo dos secuencias imbricadas que decían IUDAEA y AEGYPTUS. En suma, para no aburrir al lector con la crónica de nuestro desciframiento, cuando más tarde completamos del todo el mapa, comprobamos que la biblioteca estaba realmente constituida y distribuida a imagen del orbe terráqueo. Al norte encontramos ANGLIA y GERMANI, que, a lo largo de la pared occidental, se unían con GALLIA, para engendrar luego en el extremo occidental a HIBERNIA y hacia la pared meridional ROMA (¡paraíso de los clásicos latinos!) e YSPANIA. Después venían, al sur, los LEONES, el AEGYPTUS, que hacia oriente se convertían en IUDAEA y FONS ADAE. Entre oriente y septentrión, a lo largo de la pared, ACAIA, buena sinécdoque, como dijo Guillermo, para referirse a Grecia, y, en efecto, en aquellas cuatro habitaciones abundaban los poetas y filósofos de la antigüedad pagana.

El modo de lectura era extraño. A veces se seguía una sola dirección, a veces se retrocedía, a veces se recorría un círculo, y a menudo, como ya he dicho, una letra servía para componer dos palabras distintas (en este caso, la habitación tenía un armario dedicado a un tema y uno al otro). Pero sin duda no había que buscar una regla áurea en aquella distribución. Sólo era un artificio mnemotécnico para que el bibliotecario pudiese encontrar las obras. Decir que un. libro estaba en quarta Acaiae significaba que podía encontrárselo en la cuarta habitación contando desde aquella donde aparecía la A inicial. En cuanto al modo de encontrarla, se suponía que el bibliotecario conocía de memoria el trayecto, recto o circular, que debía recorrer para llegar hasta ella. Por ejemplo, ACAIA estaba distribuido en cuatro habitaciones dispuestas en forma de cuadrado, lo que significa que la primera A era también la última, como, por lo demás, tampoco a nosotros nos llevó mucho descubrir. Al igual que nos había sucedido con el juego de las obstrucciones. Por ejemplo, viniendo desde oriente, ninguna de las habitaciones de ACAIA comunicaba con las habitaciones siguientes: allí se cortaba el laberinto y para Regar al torreón septentrional había que atravesar las otras tres. pero, desde luego, cuando los bibliotecarios entraban desde el FONS, sabían bien que para ir, digamos, a ANGLIA, debían atravesar AEGYPTUS, YSPANIA, GALLIA y GERMANI. “

Fragmento de “El nombre de la rosa”

Umberto Eco  (Alessandria,5 de enero de 1932-Milán, 19 de febrero de 2016)

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